Son muchas las sociedades antiguas que celebraban festivales en honor a sus dioses durante el solsticio de invierno, es decir, nuestra actual Navidad. Estas celebraciones, como hemos visto en Roma, a menudo incluían el intercambio de regalos, por lo general de los patrones a sus trabajadores. El acto de hacer regalos entonces residía en el simbolismo bajo las celebraciones de los solsticios de invierno y verano. La generosidad que representa el retorno del sol, y con él, la llegada de la fertilidad agrícola y ganadera. Se agradece que el pasado haya sido propicio y se pide a los dioses que el futuro sea tanto o más favorable.

De acuerdo con la leyenda, la costumbre de hacerse regalos como expresión de buenos deseos se remonta a mediados del siglo VIII a.C., cuando Tatio, gobernante de Roma junto a Rómulo, recibió un feliz augurio mediante unas ramas cortadas en un bosque consagrado a la diosa Strenia, que le fueron regaladas el primer día del año. En conmemoración de este suceso, Tatio hizo que ese gesto se convirtiera en costumbre. Al principio el intercambio de regalos consistía en ramas de árboles pero con el tiempo se sustituyeron por figuras secas de miel, nueces o monedas de bronce. Las celebraciones en las que los romanos intercambiaban sus regalos eran las Matronalia (1 de marzo), que era cuando comenzaba el año, o las Saturnales (17 de diciembre), momento en el que conmemoraban el paso del año viajo al nuevo. Esta fiesta en el siglo I a.C. duraba hasta el 23 de diciembre.

Muchos creen que la práctica de dar regalos se incorpora a la fiesta cristiana de la Navidad con el objetivo de facilitar la transición de las sociedades paganas a la religión.

La tradición de entregarregalosy colgar medias llenas de golosinas se remonta hasta el siglo X, aunque entonces los regalos consistían en juguetes hechos a mano o alimentos como la naranja. En los Estados Unidos la tradición de dar regalos comenzó en la década de 1820 pero fue en la década de 1840 cuando se convirtieron en una pieza fundamental de la sociedad estadounidense. Su popularidad creció de forma masiva en la década de 1930, cuando Coca-Cola incorporó en su campaña publicitaria a Santa Claus.

En las navidades victorianas (finales del siglo XIX), los regalos se convirtieron en una celebración de la familia y el amor. Los más apreciados entonces seguían siendo objetos utilitarios hechos a mano. La Revolución Industrial hizo que los regalos manuales pasaran a ser manufacturados. A mediados del siglo XX aparecieron las “Cestas de frutas” envueltas en papel transparente como obsequio empresarial para expresar el agradecimiento a un cliente.