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A menudo nos preguntamos cómo es mejor que consumamos la fruta, pelada o simplemente lavada. El principal motivo de hacernos esta pregunta es que muchos de los alimentos que consumimos con regularidad nos llegan con bacterias, virus, restos de tierra, pesticidas…sustancias que pueden ser nocivas para nuestro organismo, así como también las manos y utensilios utilizados durante la recolección.

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En el caso de otros alimentos es tan sencillo como utilizar la cocción para eliminar los posibles residuos pero con la fruta no puesto que es de los pocos alimentos que se ingieren crudos.

Desde el punto de vista de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición el problema no es tanto de seguridad alimentaria sino más bien de higiene y manipulación, por lo tanto lo importante es hacer cualquiera de las dos cosas de la forma correcta.

En muchas ocasiones la piel de la fruta contiene la mayor fuente de fibra, o bien algunas frutas tienen una piel muy fina que resulta difícil de eliminar...en esos casos simplemente las lavaremos, ¿pero cómo?

Cómo lavar bien la fruta

Se vaya a comer con o sin piel, lo más importante es saber cómo lavar bien la fruta

Lo primero que haremos será lavar la superficie de la pieza con agua y jabón, o bien con algún desinfectante especial para el lavado de frutas. Lavaremos tanto la fruta que vayamos a comernos con piel como la que pelemos puesto que así evitaremos la transferencia de la superficie al interior. Si la fruta tiene tallo, como puede ser la manzana o la pera, lo mejor es quitarlo antes de lavar la fruta. Tras lavar la fruta la secaremos con papel de cocina.

Una vez limpias y secas eliminaremos las partes dañadas, por ejemplo si han sufrido cortes o golpes, puesto que podrían haber sido contaminadas con agentes exteriores. 

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Si son frutas de tamaño pequeño como las cerezas, las ciruelas, las fresas o las uvas, las dejaremos en remojo un rato y después las escurriremos.

En el caso de las frutas con superficie dura como pueden ser el melón o la sandía también deberíamos de lavar su superficie. 

Si finalmente nos decidimos por pelar la fruta, su piel puede reutilizarse también para muchas preparaciones como aromatizante en el caso de los cítricos o espesante en la elaboración de guisos como en el caso de la manzana.

¿Cómo evitar que la fruta pelada se oxide? 

Cuando la fruta pelada entra en contacto con el aire cambia de color a otro más oscuro, es lo que conocemos como pardeamiento enzimático, una reacción química de la fruta con el oxígeno del aire. Esto es algo que sucede tanto cuando se pela como cuando se corta y no se consume en el momento.

El problema es que esta reacción también limita la vida útil de las frutas al causar cambios en su olor y sabor, llegando incluso a reducirse la calidad de la misma.

Para evitar o al menos retrasar esta oxidación lo que podemos hacer es meterla en el frigorífico o bien envolverla en un plástico, evitando así que el oxígeno entre en contacto con la fruta. Eso sí, siempre la introduciremos en el frigorífico en envuelta en film o dentro de un recipiente hermético para que no coja olor. 

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