Regalar implica dar a otra persona una cosa como muestra de afecto o consideración. Aunque en ocasiones podría decirse que los regalos se hacen esperando otros a cambio, lo cierto es que los mejores regalos se dan de forma altruista. De hecho el mejor regalo sin duda es el que no se hace en una fecha concreta sino porque sí, porque quieres, porque te apetece o porque al verlo pensaste instantáneamente en una persona a la que le encantaría recibirlo.

Pero, ¿dónde se inicia la tradición de hacer regalos? Históricamente resulta complicado saber dónde surgió exactamente la tradición de hacer regalos porque no es fácil diferenciar los regalos de transacciones comerciales o intercambios de objetos. Por ejemplo, en la prehistoria ya se tiene constancia de operaciones no comerciales de intercambio de objetos como amuletos y conchas, uno de los primeros regalos de la historia.

En el Antiguo Egipto se regalaba a los reyes con el objetivo de obtener favores personales o bien formar nuevas alianzas, es decir, se trataba de una estrategia frente a potenciales guerras futuras.

En el caso de Grecia y Roma, ofrecer regalos es una arraigada costumbre desde el principio. En la Odisea ya se mencionan los presentes de Ulises al rey de Thesprotia, valiosos metales, bronce y oro. Aunque lo que sí que es cierto es que posiblemente lo que motivó el acto de regalar pudo ser el temor, una forma de ahuyentar a los malos espíritus. Así, lo que en un principio fue un acto de superstición se terminó convirtiendo poco a poco en la civilización griega en un deber tanto religioso como social. En Roma se extendió rápidamente la costumbre de hacerse regalos entre parientes y amigos y a partir del año 150 A.C. se decidió que el día 1 de enero sería el destinado a regalar. Era costumbre entonces regalar monedas de latón como símbolo de riqueza, eran monedas de escaso valor que se creía que servían como cebo al dinero y la riqueza. Todo el mundo regalaba a todo el mundo porque se creía que era la mejor forma de atraer la suerte. Entre los regalos más comunes estaban los amuletos, colgantes y exquisiteces alimentarias como salazones, miel o higos secos. Los regalos se usaban asimismo para celebrar Saturnalia, una forma antigua de la Navidad donde los regalos más comunes eran ramas de Siempreviva y también pasteles dulces.

Como se creía que regalar era un símbolo de buen augurio, los emperadores romanos se apuntaron enseguida a esta nueva tradición. Calígula por ejemplo instituyó el rito de salir cada 1 de enero a la puerta del palacio a recibir con sus propias manos las monedas de cobre que le daban sus súbditos pero otros emperadores como Tiberio procuraban no estar en Roma ese día para no seguir ese ritual.

En algunos pueblos primitivos como los neozelandeses se esperaba que hacer un regalo implicara que el obsequiado haría algo por el que obsequiaba, o bien dejara de hacer algo que le perjudicara.