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El anillo de compromiso se entrega a la persona que amamos como símbolo, promesa formal y pública que implica que en un periodo no muy largo de tiempo esa pareja contraerá matrimonio.

Pero ¿por qué en el dedo anular?¿por qué tiene que ser de diamantes? La verdad es que la tradición de regalar un anillo de compromiso se remonta muy atrás en el tiempo.

Origen de la tradición

Se cree que el origen de esta tradición podría estar en la Antigua Roma puesto que hay casos documentados de intercambios de anillos metálicos entre esposos aunque las mujeres egipcias ya lucían algo similar, un anillo de oro entregado por su novio en forma de moneda.

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La costumbre de colocar el anillo en el dedo anular de la mano izquierda también es romana, consideraban que por ese dedo pasaba una vena que iba directa la corazón, la “vena amoris” o “vena del amor”.

La razón por la que se regala un anillo está muy relacionada con su forma circular: existe cierto paralelismo entre la forma del anillo y nuestra vida, es circular y eterna, tal como un anillo al tener la misma forma y no tener tampoco ni principio ni fin.

El cristianismo fue el encargado de volver a poner de moda los anillos de compromiso. Debido a la importancia del matrimonio en esta religión, se empezaron a utilizar anillos de oro para simbolizar el compromiso. Con el paso de los siglos el material empleado fue variando y el primer anillo de diamantes data del siglo XV y fue entregado por el Archiduque Maximiliano de Hamburgo a María de Borgoña. El motivo por el que se escoge el diamante es porque se trata de un mineral duro y eterno. Con este tipo de anillos se quiere dar a entender que eso es lo que se espera del matrimonio que se va a contraer.

En el siglo XV empieza a ser habitual que las mujeres utilicen las joyas como adornos personales, especialmente entre la nobleza y la aristocracia, una costumbre que se extiende hasta nuestros días.